A pocas millas del Capitolio de EE.UU., decenas de personas durmieron en sus autos para recibir atención médica gratuita
KFF Health News ·

Aunque la mayoría de los pacientes no tenía seguro de salud, uno de cada cuatro contaba con cobertura, por ejemplo, a través de Medicare o de su empleador. Sin embargo, muchos dijeron que tener seguro no era suficiente, porque todavía debían afrontar gastos de bolsillo que no podían solventar.
TAKOMA PARK, Maryland — Las luces del viernes por la noche adquirieron un significado completamente distinto en una escuela secundaria de este suburbio de Washington, D.C.
En lugar de aficionados llenando las tribunas de un estadio para ver un partido de fútbol americano, durante un reciente fin de semana de octubre el gimnasio, los pasillos y los estacionamientos de la escuela estaban repletos de personas que buscaban desesperadamente atención médica en una clínica gratuita temporal.
La temporada electoral de 2026 ha estado marcada por las preocupaciones sobre el costo de vida, y las encuestas muestran que el elevado costo de la atención médica es una de las principales inquietudes de los votantes.
La enorme cantidad de personas que tienen dificultades para recibir atención médica quedó en evidencia a solo ocho millas al noreste del Capitolio de Estados Unidos, en una zona donde, según datos del censo , el ingreso medio por hogar supera los 108.000 dólares y alrededor del 94% de la población tiene seguro de salud.
Decenas de personas pasaron la noche durmiendo en sus autos frente a Takoma Academy para asegurarse un lugar y recibir gratis atención médica, dental o de la vista, según los coordinadores de la clínica y entrevistas con pacientes.
Aunque estaba previsto que la clínica abriera sus puertas a las 6 de la mañana del 17 de octubre, los primeros pacientes llegaron en auto poco antes de la medianoche. Para las 4 de la madrugada, tres horas antes del amanecer, ya estaban estacionados unos 80 vehículos.
A los pacientes se les asignaba un número que indicaba su lugar en la fila al ingresar al estacionamiento, y debían permanecer en el lugar hasta recibir un mensaje de texto que les avisara que había llegado su turno.
Kenys Bautista llegó a la escuela antes de la medianoche, después de manejar 20 minutos desde su casa en Wheaton, Maryland. Quería asegurarse de poder hacerse los chequeos médicos y dentales que había postergado durante tres años porque no tenía seguro de salud ni dinero para pagar por estos servicios.
“Es realmente triste que tantas personas como yo hayamos tenido que dormir en nuestros autos solo para poder ver a un médico o a un dentista porque no tenemos seguro de salud”, dijo Bautista. Trabaja como especialista en nóminas en una pequeña empresa, pero no recibe beneficios de salud.
Bautista fue una de las 467 personas atendidas durante el fin de semana. La mayoría recibió atención dental y/o médica. Noventa y nueve pacientes se hicieron exámenes de la vista y muchos se fueron con anteojos nuevos, según los organizadores.
Aunque la mayoría de los pacientes no tenía seguro de salud, uno de cada cuatro contaba con cobertura, por ejemplo, a través de Medicare o de su empleador. Sin embargo, muchos dijeron que tener seguro no era suficiente, porque todavía debían afrontar gastos de bolsillo que no podían solventar.
“Nunca pensé que necesitaría una clínica como esta, pero todo se ha vuelto muy caro”, dijo Alma Walton. Tiene Medicare, pero la atención dental de rutina no está incluida entre los beneficios estándar del programa.
Walton, que vive en Camp Springs, Maryland, ocupaba el puesto 59 en la fila. Había llegado alrededor de la 1:30 de la madrugada.
“Quería asegurarme de que me atendieran”, dijo.
Fue a la clínica con la esperanza de que le repararan un empaste dental que se había quebrado durante el verano. Había postergado la visita al dentista.
Alrededor de las 11 de la mañana, Walton estaba en una de las 30 carpas de atención dental instaladas en el amplio gimnasio, donde le estaban reemplazando el empaste.
“Llegaste justo a tiempo”, le dijo John Renzi, un dentista voluntario de la clínica, poco antes de comenzar a trabajar con el torno dental. “Si hubieras esperado un poco más, habrías perdido el diente”.
La clínica fue organizada por Remote Area Medical (RAM), una organización sin fines de lucro con sede en Tennessee que afirma haber brindado atención médica gratuita a más de un millón de pacientes a lo largo de sus 40 años de historia.
Inicialmente, sus clínicas se concentraban en zonas rurales, como la región de los Apalaches, donde tradicionalmente viven algunas de las comunidades más pobres del país y con menor acceso a seguros de salud.
En los últimos años, la organización ha ampliado sus servicios a zonas urbanas y suburbanas, como los alrededores de la capital del país, Baltimore y Philadelphia, donde es más común tener seguro médico. Las clínicas dependen de médicos y dentistas que donan su tiempo.
En el evento de Takoma Park participaron como voluntarios más de 300 profesionales de odontología, medicina y oftalmología, junto con integrantes del Servicio de Salud Pública de Estados Unidos.
Según una encuesta de Remote Area Medical, casi el 40% de los pacientes atendidos allí dijo que no había visitado a un dentista u otro profesional de atención dental —salvo en una clínica de RAM— en al menos dos años.
Y casi dos tercios afirmaron que no tenían un lugar habitual donde recibir atención médica, por fuera de las salas de emergencias de los hospitales.
Dana Bensinger, enfermero especializado que participó de la clínica de atención médica, dijo que muchos pacientes tenían presión arterial alta o diabetes. Recibieron recetas para un suministro de medicamentos de 90 días y se les recomendó ir a centros de salud comunitarios o clínicas gratuitas donde pudieran obtener atención primaria sin costo o a bajo precio.
“Hemos visto a muchas personas que pierden su seguro o no pueden mantenerlo y, por eso, no consiguen renovar sus recetas”, dijo.
Muchos pacientes fueron a la clínica para que les extrajeran un diente y, de esa manera, aliviar el dolor dental.
“Lo llamamos odontología de señalar y extraer”, dijo Tom Ritter, dentista jubilado que se encargaba de evaluar y clasificar a los pacientes que necesitaban atención dental. “Señalas el diente que quieres que te saquemos y nosotros lo extraemos”.
El problema, explicó, es que los pacientes a menudo necesitan que les extraigan varios dientes, pero los dentistas voluntarios disponen de poco tiempo para atender a cada persona.
“Tenemos que repartir la atención entre todos porque tenemos una agenda muy cargada”.
Michel Boudreaux, profesor asociado del Departamento de Políticas y Gestión de Salud de la Universidad de Maryland, dijo que la clínica de RAM, ubicada a unas cinco millas de su campus universitario, puso de manifiesto las crecientes dificultades que enfrentan tanto las personas con seguro de salud como las que no tienen cobertura.
“Incluso en este condado suburbano hay muchas personas sin seguro que tienen dificultades para pagar la atención médica, y personas aseguradas que deben afrontar deducibles y copagos elevados”, dijo.
Boudreaux calificó de “desalentador” que las personas tuvieran que dormir en sus autos durante la noche para recibir atención médica.
En otros tiempos, tener un empleo público con beneficios se consideraba una manera de proteger a la familia del aumento de los costos de salud.
Cheromie Johnson, que trabaja para el gobierno del Distrito de Columbia, contó que unos tratamientos dentales recientes le dejaron una factura de 12.000 dólares.
Fue a la clínica con su hijo Cairo, de 6 años, para hacerse exámenes de la vista. Esperaba que ambos pudieran recibir anteojos nuevos.
“Esto es muy importante, especialmente para él en la escuela. Y yo manejo, así que los dos necesitamos ver bien”, dijo Johnson. Calculó que la atención oftalmológica gratuita les permitiría ahorrar más de 1.000 dólares.
Cuando le preguntaron qué decía esta concurrida clínica gratuita sobre el estado del sistema de salud estadounidense, respondió: “Está mal y necesita una reforma. Pero eso ya lo sabemos todos”.
John Osborn, director de odontología de RAM, estaba tomando un descanso en un balcón con vista al gimnasio, ahora lleno de carpas de atención y equipos médicos móviles que habían transformado el espacio en algo parecido a una escena de la antigua serie de televisión M*A*S*H .
No le sorprendía ver a tantas personas llegar un sábado por la mañana en busca de atención médica. Durante los últimos 35 años había presenciado escenas similares en las clínicas de RAM de todo el país.
Solo lamentaba que algunos miembros del Congreso no hubieran pasado por allí para verlo con sus propios ojos.
“Hubiera sido bueno que vieran lo que la gente tiene que hacer para conseguir atención médica”, expresó.
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