Atrapados en albergues, niños migrantes pierden la esperanza de quedarse en Estados Unidos

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Atrapados en albergues, niños migrantes pierden la esperanza de quedarse en Estados Unidos

KFF Health News es una redacción nacional que produce periodismo en profundidad sobre temas de salud, y uno de los principales programas de KFF: la fuente independiente de investigación sobre políticas de salud. This article first appeared on KFF Health News and is republished here under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License.

Una mañana de este verano, una niña de 9 años de El Salvador eligió varios marcadores de colores en un albergue para niños migrantes en el área de Houston y escribió una carta a su mamá.

“Ya quiero estar contigo”, puso la pequeña, identificada como M.R., en un español con errores de ortografía y sin signos de puntuación. Agregó corazones, un arcoiris y un gran “Te amo” rodeado de puntos rosados y azules. “Te extraño mucho mami te amo mucho mami quiero estar contigo”.

La niña había suplicado que la dejaran salir del albergue administrado por el gobierno, donde llevaba más de siete meses, según contó la abogada que la representa. Estaba cada vez más angustiada. Le decía a su mamá por teléfono que se sentía triste y sola, que necesitaba desesperadamente un abrazo, que le sangraba la nariz y que pensaba que tenía una infección.

Mientras tanto, cuando su madre, Carmen, realizaba los trámites para recuperar su custodia, las autoridades federales de inmigración la arrestaron y la enviaron a un centro de detención en Louisiana, a pesar de que tenía una solicitud de asilo pendiente y no tenía con antecedentes penales.

“Las dos estamos atrapadas”, dijo Carmen en una entrevista realizada en septiembre desde el centro de detención. “Ella es apenas una niña indefensa. El proceso no debería ser así”.

KFF Health News utiliza solamente el nombre de pila de la madre y las iniciales de la hija porque ambas temen represalias del gobierno por contar su historia.

En septiembre, la niña de 9 años era uno de los casi 1.900 menores alojados en albergues supervisados por la Oficina de Reasentamiento de Refugiados (ORR) del Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS). Hace más de una década, el Congreso encargó a esta oficina el cuidado de los niños que llegan solos al país, con el objetivo de separar su atención de las actividades de control migratorio.

Sin embargo, la segunda administración Trump ha reorganizado la Oficina de Reasentamiento para que ayude con su campaña de deportaciones. Esto incluye mantener a los niños en albergues en lugar de reunirlos con sus familiares en Estados Unidos y, con frecuencia, utilizarlos para facilitar la detención de esos familiares.

Esta información surge de entrevistas con familias, abogados y defensores de la infancia, así como de una revisión de documentos judiciales. Muchos de los niños que están bajo el cuidado de la oficina huyeron de la violencia o los abusos en sus países de origen.

Antes, la ORR intentaba dar prioridad al bienestar de los niños bajo su cuidado, explicó Jonathan White, un ex funcionario federal de salud que dirigió el programa de menores no acompañados de esa oficina durante parte del primer mandato del presidente Donald Trump.

La ley exige que la oficina ubique a los niños “en el entorno menos restrictivo posible” y los libere “sin demoras innecesarias”, generalmente para entregarlos a uno de sus padres o a otro familiar que haya sido evaluado y esté dispuesto a cuidarlos.

Ahora, los niños bajo la custodia de la oficina se han convertido en víctimas colaterales de los esfuerzos de la administración por avanzar en sus objetivos más amplios de política migratoria, afirmó White, quien ahora es trabajador social clínico.

Según explicó, la administración está transformando deliberadamente este sistema nacional de albergues. Lo que fue creado como un programa de protección infantil se ha convertido en sistema de detención, que alienta a los inmigrantes a abandonar el país.

Aunque actualmente hay menos niños en los albergues de la oficina que en años anteriores, los que permanecen allí suelen quedar atrapados durante meses, sin una salida clara más allá de ingresar al sistema de hogares temporales a largo plazo o regresar a las situaciones peligrosas de las que huyeron, explicaron los abogados consultados.

Esto ocurre porque sus posibles tutores son detenidos o tienen miedo o dificultades para completar el proceso de patrocinio. Con frecuencia, indicaron los abogados, la oficina se niega a liberar a los niños incluso cuando se cumplen los requisitos para entregarlos a un patrocinador, y es necesario presentar demandas judiciales para conseguir su liberación.

“Cuando un niño siente que no tiene ninguna posibilidad de salir del centro de detención, aceptar el regreso voluntario a su país puede dejar de ser una decisión verdaderamente libre”, dijo el 1 de octubre la representante federal Andrea Salinas, demócrata de Oregon, durante una conferencia de prensa en la que llamó la atención sobre los cambios de la administración al programa de menores no acompañados.

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) no respondió directamente las preguntas enviadas por KFF Health News, pero presentó las detenciones de patrocinadores de niños migrantes que hace el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) como parte de un esfuerzo para evitar que los menores sufran daños.

En 2024, un organismo federal de supervisión determinó que la Oficina de Reasentamiento no había evaluado adecuadamente a los patrocinadores ante un aumento en la llegada de menores no acompañados durante la presidencia de Joe Biden. Además, investigaciones periodísticas han documentado casos de niños explotados después de ser liberados de la custodia de la agencia.

En un correo electrónico sin firma, el DHS reiteró declaraciones anteriores de que “el ICE no separa familias” y que la administración está trabajando para localizar a 450.000 menores no acompañados que llegaron durante el gobierno de Biden. Afirmó que muchos de esos niños fueron entregados a patrocinadores que no habían sido investigados y que eran traficantes de migrantes y explotadores sexuales, una afirmación que ha sido cuestionada .

El departamento proporcionó una lista de 16 casos en los que los patrocinadores fueron arrestados por delitos graves, entre ellos la violación de un menor no acompañado, tráfico de drogas y homicidio.

KFF Health News también envió preguntas al HHS sobre el caso y sobre la manera en que la Oficina de Reasentamiento trata a los menores no acompañados. La agencia no respondió.

De la protección infantil a la detención

M.R. pasó unas dos semanas viajando hacia Estados Unidos a fines del año pasado junto con su hermana mayor. Cruzaron el río Bravo caminando antes de ser detenidas por agentes de la Patrulla Fronteriza en Texas, según documentos del caso.

Las hermanas esperaban reunirse con su madre y un hermano que habían huido de El Salvador unos años antes y vivían en Tennessee. Miembros de pandillas habían asesinado al padre, al tío y a una prima embarazada de M.R., según Carmen, quien también temía por la seguridad de su hija. Más tarde, M.R. le contó a una trabajadora social que su abuela materna, quien las cuidaba en El Salvador, las golpeaba a ella y a su hermana con un cinturón y con la mano abierta.

Como otros menores que llegan solos a Estados Unidos y sin estatus migratorio legal, la niña y su hermana mayor terminaron en un albergue pensando que saldrían en cuestión de días. Antes del segundo mandato de Trump, los niños generalmente permanecían alrededor de un mes bajo custodia de la Oficina de Reasentamiento mientras las autoridades federales evaluaban a sus familiares u otros posibles patrocinadores. El hermano de M.R., que llegó a Estados Unidos en 2024, contó que estuvo 11 días en un albergue.

La segunda administración Trump está arrestando a padres y a otros cuidadores de confianza que se presentan para solicitar la liberación de los niños, ha establecido nuevos y complicados requisitos para los patrocinadores y ha puesto al frente de la Oficina de Reasentamiento a un ex funcionario de Inmigración con experiencia en aplicación de la ley.

La duración promedio de las estadías se ha extendido a casi seis meses y algunos niños, como M.R., permanecen allí mucho más tiempo, incluso cuando tienen patrocinadores que cumplen los requisitos para sacarlos.

Durante una conferencia de prensa en julio, Álvaro Huerta, del Immigrant Defenders Law Center, dijo que un niño de 3 años llevaba 300 días bajo custodia de la oficina. Una niña de 6 años permaneció detenida durante siete meses, agregó Huerta, después de que su padre fuera detenido mientras lo evaluaban como patrocinador y, posteriormente, fuera deportado.

Cuando la madre fue a una cita en marzo para reunirse con su hija, explicó, ambas fueron enviadas a un centro de detención migratoria en Dilley, Texas, que ha recibido críticas de legisladores demócratas , defensores de los inmigrantes y familias que han denunciado condiciones inhumanas .

Abogados de inmigración afirman que la administración ha debilitado las protecciones legales para los niños migrantes mientras, al mismo tiempo, acelera las deportaciones .

Algunos menores, incluidos niños de apenas 1 año , están compareciendo solos ante jueces de inmigración debido a las interrupciones que la administración ha provocado en los servicios de asistencia legal.

En algunos casos, las autoridades migratorias están deteniendo a niños después de que ya fueron entregados a sus patrocinadores y viven en sus comunidades. La administración también ha ofrecido a menores, incluida M.R., pagos de al menos 2.500 dólares si aceptan regresar voluntariamente a sus países de origen.

La hermana de M.R. fue liberada cuando cumplió 18 años, tres semanas después de su llegada. Los tribunales han bloqueado los intentos de la administración Trump de trasladar a centros de detención migratoria a quienes cumplen 18 años mientras están bajo custodia de la Oficina de Reasentamiento. Así, la pequeña M.R. quedó sola en un país nuevo, sin su mamá, sus hermanos mayores mellizos ni otros familiares cercanos.

Separación familiar

En abril, Carmen fue a una cita para realizarse una prueba de ADN, que le habían dicho que era el último paso necesario para conseguir la liberación de su hija. KFF Health News revisó un mensaje de texto que confirmaba la cita en una oficina del DHS. Carmen pensaba que pronto se reuniría con su hija menor. Para entonces, ya había presentado sus impuestos y prueba de ganancias, entregado sus huellas digitales y recibido en su casa la visita de una trabajadora social.

Ella y sus hijos adolescentes prepararon la habitación de la pequeña, con una colcha de Hello Kitty, cortinas de Frozen y una lámpara que proyectaba estrellas y astronautas en el techo. Se la mostraron a M.R. durante una videollamada. La niña estaba entusiasmada, contó su hermano.

Sin una orden judicial, agentes de inmigración detuvieron a Carmen durante la cita. Luego, la Oficina de Reasentamiento rechazó su solicitud como patrocinadora, citando la detención que la propia oficina había ayudado a facilitar.

La niña quedó devastada.

“Ella no entiende por qué está atrapada allí ni por qué el gobierno detuvo a su mamá en lugar de reunirlas”, dijo Alexa Sendukas, abogada gerente del Galveston-Houston Immigrant Representation Project, que representa a la niña. “Nuestro gobierno les ha fallado por completo y las ha tratado de una manera en que ningún ser humano debería ser tratado jamás”.

El DHS se negó a hacer comentarios sobre el caso de Carmen y su hija. La agencia dijo que solo podría pronunciarse si contaba con los nombres, fechas de nacimiento y números de identificación migratoria de las personas involucradas.

“Cuando los medios se niegan a proporcionar nombres, resulta imposible ofrecer detalles sobre casos específicos o incluso verificar que algo de esto haya ocurrido o que esas personas existan. Si ustedes no pueden hacer su trabajo, nosotros no podemos hacer el nuestro”, respondió la oficina de prensa de la agencia, sin proporcionar el nombre de un vocero, como se había solicitado.

Los informes del albergue del área de Houston muestran que la niña recibió asesoramiento psicológico. No se le diagnosticó ninguna afección de salud mental, aunque la terapeuta informó que estaba triste y lloraba cuando hablaba de su prolongada estadía en el albergue y de cuánto extrañaba a su mamá.

Carmen, que hablaba con su hija por teléfono unas tres veces por semana, dijo que la niña estaba sufriendo. M.R. se culpaba a sí misma, explicó Sendukas.

En cada llamada, M.R. le preguntaba a su mamá cuándo la liberarían y cuándo volverían a estar juntas. Se quejaba de sentirse mal. Lamentaba no tener a nadie que la abrazara o consolara, contó su madre.

“Me sentía la peor madre del mundo porque no podía explicarle a mi hija lo que estaba pasando, lo que me habían hecho”, dijo Carmen.

Situaciones como la de M.R. reflejan el cambio de prioridades de la Oficina de Reasentamiento, que ahora pone el control migratorio por encima del bienestar de los niños, dijo White.

“No existe ninguna circunstancia en la que sea lo mejor para un niño decirle que lo van a entregar a su mamá, prepararlo para eso y luego utilizar esa reunificación prevista como pretexto para detener a la madre”, afirmó.

Sural Shah, integrante de un equipo de médicos de la Academia Americana de Pediatría que ha visitado varios albergues para niños migrantes durante el último año, dijo que muchos están desarrollando trastornos mentales debido a las estadías prolongadas.

“Es desgarrador”, dijo Shah, y agregó que los niños sufren ansiedad, depresión y trastornos relacionados con el estrés, que los llevan a retroceder en su desarrollo, a tener problemas de conducta y a hacerse daño a sí mismos. Algunos mojan la cama, sienten dolores en el pecho o lloran durante la noche. Estar durante meses en un albergue puede tener efectos a largo plazo sobre la salud, como el trastorno de estrés postraumático, añadió.

Algunos niños, angustiados, también han intentado suicidarse, dijo Mickey Donovan-Kaloust, directora de servicios legales del Immigrant Defenders Law Center, que tiene oficinas en distintas partes del sur de California.

Un hermano y una hermana adolescentes de Venezuela, que pasaron más de un año en otro albergue federal en Texas, contaron a KFF Health News que durante su estadía casi nunca salían del edificio y debían seguir una rutina rígida. Las clases que recibían en el albergue repetían el mismo contenido todos los meses, dijeron, y las comidas eran iguales cada semana. También se quejaron de que los reprendían por cosas pequeñas, como reírse demasiado fuerte o jugar a tirarse agua.

Cuando su padre fue detenido durante el proceso para convertirse en su patrocinador, la adolescente dejó de comer durante varios días, contó. Presentaba síntomas de trastorno de estrés postraumático.

El muchacho dijo que la experiencia lo había desgastado mental y emocionalmente.

“Yo era un chico destrozado”, dijo. “No sabía si reírme cuando recibía malas noticias, no sabía si llorar”.

Una decisión desgarradora

Mientras estaba detenida, Carmen recibió una orden de deportación y tuvo que enfrentar una decisión impensable: dejar a su hija menor en Estados Unidos bajo cuidado temporal o volver juntas a El Salvador, donde podían enfrentar peligros mortales, dejando a sus hijos adolescentes en Estados Unidos. Aunque la violencia de las pandillas ha disminuido en el país, Carmen dijo que las personas que asesinaron a sus familiares y la amenazaron de muerte siguen activas en el barrio donde vivía.

Ese es el tipo de decisión que enfrentan diariamente familias inmigrantes en todo el país, afirmó Jennifer Podkul, directora de políticas y defensa de derechos a nivel global de Kids in Need of Defense, una organización sin fines de lucro que representa a niños que están bajo custodia de la Oficina de Reasentamiento de Refugiados.

En julio, Carmen decidió que ya no podía soportar el sufrimiento de su hija menor. Ambas pidieron salir juntas del país.

La madre podría haber apelado su orden de deportación, pero le preocupaban las consecuencias para la salud mental de su hija, explicó Sendukas. Carmen contó que la niña le había dicho: “No quiero volver a sentirme sola como me sentí en Navidad, como me sentí el Día de la Madre y en tu cumpleaños. Todos esos días me sentí tan sola. No quiero seguir así”.

A mediados de septiembre, tres semanas antes de cumplir 10 años y 281 días después de haber llegado a Estados Unidos, la niña fue enviada junto con su madre a El Salvador.

Sus hermanos mayores permanecen en Estados Unidos, donde continúan luchando por sus propios casos de asilo sin su mamá. El hermano dejó la escuela secundaria en Tennessee y, junto con su hermana melliza, se mudó a vivir con un familiar.

“Solo espero que otras personas entiendan que todos estamos luchando por algo”, dijo. “Nosotros luchábamos por estar juntos. No era un sueño que le hiciera daño a nadie”.

Jazmin Orozco Rodriguez contribuyó con este artículo.

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Источник: KFF Health News